Sanidad, salud y ayuno

Hace siete años vivía “un antes y un después”. Todos tenemos, en nuestras historias personales, un antes y un después. Situaciones límites, traumas fuertes, pérdidas inesperadas que marcaron nuestras vidas para siempre.
Cuando permitimos que en ese momento Dios tome el control, el “antes y después” cobra sentido y cambiamos para bien.

Siete años atrás, con apenas 24 años, la muerte golpeaba a mi puerta con un decreto, en ese entonces, bastante convincente. Lo que los médicos diagnosticaron como leucemia mieloide aguda, conocida como el cáncer blanco (o cáncer de la sangre), parecía estar de manera avanzada en mi cuerpo. Con una expectativa menor a un 20 por ciento de probabilidad de sobrevivir, la quimioterapia y hasta un trasplante de médula parecían ser el “ya veremos” de los doctores.

Frente a la seria posibilidad de morir, a una edad temprana, el terror era una visita constante y el miedo una marca que me acompañaría durante algún tiempo. Mi vida parecía esfumarse. En ese entonces estaba apartado de mi Creador. Sabía que me había desviado de la senda. Aún recuerdo, mirarme al espejo en el baño de la habitación del hospital (que durante 5 meses sería mi casa) y hablarle a Dios. Fue allí, cuando volví desesperadamente a los pies de Jesús. Realmente necesitaba un milagro.

 Dios de misericordia

La respuesta de Dios llegó y el primer milagro se hizo vida en mí. Contra todo pronóstico, luego de haber estado medio año internado bajo tratamientos (quimio terapia y trasplante de médula), mi sangre comenzó a sanar. Las células cancerígenas empezaron a desaparecer. Algo sobrenatural había ocurrido. El milagro, que los mismos médicos decían que era necesario, llegó. La sangre de Jesús, su perdón, su amor y la fe de muchos intercesores movió los tiempos de tal forma que mis días, acá en la tierra, se alargaron. Conocí cara a cara a la misericordia.

 De la sanidad a la salud

Me llevó un tiempo recuperarme físicamente. Y otro tiempo alinearme a una vida de santidad y total entrega a Él. Hoy los milagros siguen ocurriendo. Cada día, al abrir los ojos y sentir que mis pulmones se llenan de aire, un nuevo milagro se renueva en mí. Y qué decir de cada momento en donde acudo a su presencia, a su intimidad, a su mismo trono…

Ahora bien, comprendí que aquel primer gran milagro fue la sanidad. La cual empezó en mi espíritu cuando confronté el espíritu de temor. Siguió por mi alma cuando pude sujetarla a mi espíritu quitando pensamientos, emociones y hasta una voluntad mal motivada. Por último, la sanidad se extendió a mi cuerpo. Esa fue la sanidad. Pero la salud, es un estado constante. Un justo y coherente equilibrio en nuestro espíritu, alma y cuerpo, conforme al diseño original de Dios. Hace algunos años, una poderosa herramienta me fue revelada…

 El ayuno

Nunca pensé que podría pasar largos períodos de tiempo ayunando. Claro que fue algo progresivo. Algo así como un entrenamiento. Lo primero que se quebró en mí, fue justamente, la mentalidad con respecto al ayuno. Al principio lo tomaba como simplemente no comer. Con el tiempo comprendí que se trataba de un alineamiento en donde el cuerpo y el alma se sujetan al espíritu. Me llevó varios ayunos lograr ese completo gobierno de mi espíritu. Pero fue en ese entonces, cuando pude comenzar a oír con mayor claridad la voz de Dios. Me volví más sensible a sus palabras y pude tener mayor entendimiento acerca del mundo espiritual. El tener dominio sobre el cuerpo y renunciar a los placeres (eso ocurre en los ayunos) permite que en nuestra alma se vean los frutos del espíritu como por ejemplo la mansedumbre y la templanza.

Como si fuera poco, en nuestro cuerpo se renuevan las células, la sangre es literalmente purificada. En mí, personalmente, el ayuno me lleva a mantenerme sujeto a la voz de Dios a la vez que mantiene a mi alma quieta y a mi cuerpo en un constante estado de salud. Hace poco leí un artículo científico en donde explicaba que, períodos prolongados de ayunos, generan una renovación celular y evitan que se desarrollen células cancerígenas así como muchas otras enfermedades. Yo sé que es así porque lo vivo.

Lo cierto, es que la salud en el cuerpo, es una añadidura y es la consecuencia de un cuerpo y alma sujetos al gobierno del espíritu, el cual recibe constantemente la información del Espíritu Santo.

Sé que me falta mucho por aprender y crecer, pero hoy puedo gozar de una salud de Reino. Aún tengo batallas, pero desde hace dos años no tomo medicamentos (ni un analgésico), y todo dolor y lucha se van adorando, tomando la cena y estando en comunión con Dios.

Anhelemos sanar y vivir en un constante equilibrio de salud para poder cumplir el Plan de Dios!

Que el Señor te bendiga y seas lleno/a de su sanidad!

Por Juan Coria