¿Cómo amar la pureza?

Finalizando con la enseñanza de este mes, acerca de la pureza, creemos importante concluir con dos puntos que nos llevarán a ser verdaderamente puros. La motivación y la puesta en práctica.

La motivación

El libro de los proverbios dice que «el que ama la pureza de corazón, tiene gracia en sus labios, y el rey es su amigo» Prov. 22:11 (LBLA). A partir de esta palabra, entendemos que ya no se trata sólo de buscar la pureza sino de amarla. Si nos detenemos a pensar, se nos está pidiendo algo más que ser y buscar ser puros. Dios espera que amemos esa condición!

La pregunta es, ¿cómo hacemos? ¿Cómo amar lo puro cuando muchas veces nos cuesta despojarnos de lo impuro? ¿Cómo desear lo bueno cuando aún, a veces, deseamos lo malo?

La respuesta, la hallaremos en nuestro corazón. Es por ello la palabra dice «Ciertamente Dios es bueno para con Israel, para con los puros de corazón». Sal. 73:1. (LBLA).

En nuestros corazones se encuentran los deseos, por ende, las motivaciones. Cambiarlos, no siempre resulta sencillo, a veces no es de un día para el otro. Necesitamos primero conocer este proceso, para luego comenzar a modificarlo y así ser libres para poder desear en todo momento lo puro.

Toda motivación viene de un deseo. Ej: me motiva ir a la iglesia porque deseo ir a adorar, a escuchar una palabra.Pero para que haya un deseo debo tener una información acerca de eso. Siguiendo el ejemplo, yo tengo la información de que en la iglesia va a haber adoración y se va a ministrar una palabra.

Poniendo un ejemplo quizá más superficial: deseo comer un plato de milanesas con papas fritas. Previo a ello, tengo la información de que esa comida es realmente rica. Entonces ahora, la deseo.

Ahora bien, cuando durante mucho tiempo deseo algo, esto se vuelve un hábito. Supongamos que por mucho tiempo deseamos algo que no estaba bien, algo impuro. Ese hábito ya se volvió una constante en nuestros corazones y la inclinación a lo torcido ya no es tan fácil de resolver. Por eso Pablo decía «pues no hago el bien que deseo, sino el mal que no quiero, eso practico» Rom. 7:19. (LBLA).

La buena noticia es que hay un camino para resolver esta cuestión y poder, ya no sólo buscar la pureza, sino amarla de corazón.

El camino está en cambiar la información y comenzar a pensar una y otra vez en lo bueno, en lo puro, en lo de buen nombre. Es lo que un pastor amigo llama el “entrenar tu deseo”. Es que “entrenando” nuestro deseo le diremos a nuestra mente en qué pensar y a nuestro corazón que desear. Se trata de cambiar una información incorrecta por la que ahora sabemos que es correcta.

Luego de un tiempo prolongado, nos encontraremos realmente deseando y amando todo lo que tenga que ver con la pureza. Será allí, cuando se cumpla esta hermosa promesa que leíamos en el proverbio al principio de esta enseñanza: el Rey es amigo de quienes aman la pureza de corazón. Ser amigos del Rey, que enorme privilegio!

 ¿Cómo lo ponemos en práctica?

Una vez entendido este concepto, y dispuestos a cambiar nuestros deseos, es necesario poner en práctica todo ello para que no quede en una definición abstracta.

Lo esencial, comenzar por casa. El primer fruto, de ese cambio en nuestros corazones, se verá reflejado en nuestra vida personal. En nuestro hogar. Dios nos perdonó y nos justificó, pero es nuestro deber mantener ese estado. Un ejemplo práctico de esto puede ser el hacer una limpieza exhaustiva de todos los objetos y actividades que nos impiden una vida pura.

Aquí va una lista de elementos que nos pueden estar contaminando. El quitarlos nos ayudará a purificar nuestras vidas y hogares:

-Ropa. Hay prendas que responden a marcas pactadas y hasta en sus símbolos y leyendas ofenden a Dios. Hay hábitos de vestimenta que responden más a agradar al hombre que a manifestar la gloria de Dios (esto lo veremos sólo con una convicción del Espíritu).

-Música. Toda expresión musical responde a un orden espiritual. Ser finos en lo que elegimos, busquemos siempre lo que adora. Ni hablar, si en casa tenemos música que no es original, que fue bajada o copiada.

-Cuadros y pinturas. El sólo hecho de investigar el origen de piezas que tenemos en casa nos asombrará. Recordemos que hay expresiones artísticas que por más lindas que parezcan no manifiestan la presencia de Dios.

-Comidas y hábitos. Hay conductas, y hasta comidas particulares, que no le hacen bien a nuestro cuerpo. Entendiendo que éste es templo del Espíritu Santo, también debe mantenerse puro.

-Las palabras. En nuestro hogar, se genera una atmósfera espiritual. Las palabras, los tratos y todo lo que se suelta en el aire puede edificar así como contaminar el ambiente.

Entendemos que éstos son apenas unos tips. Es el Espíritu Santo el que traerá la revelación y la convicción para que cada uno vea y proceda en la purificación y libertad, en sus vidas y por ende en sus hogares. Recordemos que ya no buscamos simplemente lo que es o no es pecados. Ahora anhelamos un mayor nivel de pureza en donde la presencia de Dios, pueda habitar y Él, pueda sentirse cómodo. Adelante!

Por Juan Coria (Administrador de contenido TTL/Blog)