Compañía de profetas: la profecía en este tiempo

“Me gustaría que todos ustedes hablaran en idiomas desconocidos, pero más me gustaría que hablaran de parte de Dios. ” 1 Corintios 14:5a TLA

La profecía en este tiempo

Cuando hablamos de “este tiempo” no necesariamente hablamos del siglo XXI, sino de la profecía en el tiempo de la gracia, a partir de la venida del Espíritu Santo hasta ahora.

Si bien se habla de profetas en los libros del Nuevo Testamento, vemos que ellos no tienen la relevancia que tenían en el Antiguo Testamento donde dieciocho de los treinta y nueve son proféticos, o sea el 46% de la escritura. Mientras en el Nuevo Testamento solo uno de veintisiete, Apocalipsis, es profético, representando el 3% del total. ¿Es porque la profecía es menos importante o ha disminuido? En realidad no, sino porque la voz profética es confiada al cuerpo. No ha dejado de haber profetas pero ahora todos pueden profetizar:

“Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis” 1Co 14:5a

“Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado” 1Co 14:24

Si Pablo dice que procuremos profetizar, que quiere que los corintios profeticen y que “si todos profetizan” es convencido por todos, es porque eso es posible.

Es nuestro entender que si la práctica de profetizar ha disminuido desde la iglesia primitiva es por haber perdido el entendimiento de la dinámica de funcionamiento de la profecía en la gracia. Si bien somos vistos por Dios como individuos, como hijos, el funcionamiento en todo momento es corporativo, el Señor dice de nosotros que somos: Su cuerpo, Su pueblo, la ciudad de Dios, el reino de Dios, Su rebaño, Su esposa, Su viña. Todas estas figuras nos dan una idea de actividad y funcionamiento colectivo. Mientras en el Antiguo Testamento el Espíritu venía sobre un hombre, en pentecostés vino sobre un cuerpo unánime y todos pudieron hablar de las maravillas de Dios al instante. Ese es el modelo, el del primer momento en que el Espíritu vino sobre la iglesia.

Vamos a ejemplificarlo de esta manera: el presidente de una nación, en la mayoría de los casos, se dirige al pueblo a través de un vocero. Supongamos que hubo una catástrofe en esa nación, el presidente llama a su vocero y hace la declaración correspondiente, el empleado la transmite y llega a la ciudadanía. Pero el vocero desconoce las emociones que despertó esa catástrofe en el presidente, no sabe qué es lo que él piensa hacer, no conoce su mente y corazón. Esa noche el mandatario está inquieto en su cama, no logra conciliar el sueño, entonces su esposa le pregunta, con amor, qué es lo que le sucede, el hombre abre su corazón y le cuenta cuánto le preocupa la situación, el dolor que siente por los damnificados, le comparte sus pensamientos y emociones acerca de lo sucedido. En base a esta analogía podemos decir que el vocero es el profeta pero la esposa, que es Su iglesia (el conjunto de sus hijos) tiene acceso a la intimidad de su corazón. Quien tiene el don profético puede transmitir lo que haya escuchado de Dios pero solo Su esposa puede decir lo que está en el corazón del Esposo.

Cuando individualmente nos acercamos a Dios, Él nos revela parcialmente los deseos de su corazón, como quien da un fragmento de una foto. Cuando estamos en el cuerpo, hay otros que tienen otros fragmentos y así, entre todos, podemos formar la imagen. Pero si estamos separados del cuerpo, o si menospreciamos la parte de la imagen que tiene el otro, nunca tendremos la fotografía completa. Es la esposa la que, en intimidad con el Esposo y unánime, tiene la revelación completa. Es por eso que hablamos de “Compañía de profetas”, no porque el término esté relacionado con la iglesia directamente en el Nuevo Testamento sino porque entendemos que la riqueza de la plenitud de Cristo no se manifiesta en el individuo (quien solo puede reflejar una mínima parte) sino en el cuerpo.

La voz profética en este siglo está depositada en la iglesia y por eso es tan importante discernir el cuerpo, dejar que la operación de la reconciliación actúe y valorar la porción de Cristo depositada en cada individuo. En el UNO fluye la voz de Dios.

Resumiendo: el profeta del siglo XXI ha discernido el cuerpo, valora y honra las individualidades, tiene la humildad necesaria para la unidad y aporta su porción al cuerpo para, todos juntos, poder manifestar a Cristo.

8 Comentarios

  1. ysabel El 4 abril, 2018 - 17:42

    tremendo!!!!me son de muchísima bendición , Dios les bendiga equipo para seguir despertando el hambre por conocer mas de Dios , saludos desde bs as .

  2. Yésica Fehr El 5 abril, 2018 - 2:53

    Qué bendición! Deseo que Dios despierte mi corazón y pueda darle todo a Él para servirle en unidad. Somos uno,pero cada uno con una misión específica! Sea la luz en cada corazón, en cada Iglesia, en cada ciudad!
    Saludos!!!

  3. Graciela El 5 abril, 2018 - 11:19

    Muy bueno, bendiciones !! Mar del plata

  4. Marcos El 8 abril, 2018 - 17:18

    Tremendo chicos. Esto es Reino puro. El mayor rango de un profeta es ser HIJO.

  5. Keyla Solis El 13 abril, 2018 - 4:27

    Buenisimo.. La unidad del cuerpo para complementarnos y tener una imagen completa del mensaje que el Padre está revelando 🙏.. Nicaragua!! Nos vemos en Compañía de Profetas!!

  6. Silvia El 13 abril, 2018 - 16:54

    Esta acordé con lo que he venido leyendo y es sobre la necesidad que tenemos los unos de los otros, pues eso nos enseña a ser humildes y a estimar a los demás, bendiciones

  7. Mariana El 15 abril, 2018 - 11:26

    Maravillosa palabra!!que Dios siga revelandose de manera tan clara a nuestros corazones!!!bendicioneeeess

  8. Orieta Ramos El 19 abril, 2018 - 23:20

    Su ministerio me bendice. Me inspira. Hablamos el mismo lenguaje y soy la extraña chica de 19 años deseosa de aprender más y de marcar a una generación contangiandoles la pasión por la presencia de Papá.

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