CONSTRUYAMOS BUNQUERS 3

 

Cuando pensamos en construir un refugio para nuestras familias, instintivamente visualizamos algo apartado de la gente, encerrado en el núcleo familiar, pero esto no tiene por qué ser así. Por el contrario, en un mundo donde el egoísmo tiene un rol protagónico, cuando llevamos a nuestra familia a ver y obrar fuera de ella misma estamos ayudando a formar a Cristo en cada uno de nuestros seres amados y eso se convierte es su protección más segura.

Al tema de hoy lo hemos titulado:

Partir el pan

Ya hemos hablado que la iglesia de los primeros siglos se dedicaba a la Palabra y tenían comunión. También se nos dice que “partían el pan”, a esto a veces se lo simplifica en participar de la cena del Señor. Pero queremos ir más allá. Cristo es el Pan de Vida, quien fue partido por nosotros, se dio a sí mismo con generosidad dándonos vida. Cuando salimos de la comodidad del hogar, cuando buscamos a quién ayudar, cuando el servicio y el amor lo ponemos en acción estamos “partiendo el pan”, estamos llevando a Cristo a la gente. Una familia que vive a diario que SIEMPRE tiene ALGO para dar, es una familia protegida, segura, que participa de la esencia de Cristo, de su carácter.

La sensación de carencia surge cuando no sabemos quiénes somos y por ende qué tenemos. En el libro de los Hechos, capítulo 3, el apóstol Pedro hace una declaración muy importante:

” no tengo plata ni oro, pero de lo que tengo te doy”.

No tenía lo que el hombre pedía pero tenía algo mucho mejor, ese día la salud llegó a su vida y todos los derivados de ella. Los cristianos de Macedonia no se limitaron por su “profunda pobreza” como relata Pablo en la segunda carta a los corintios, en el capítulo 8, sino que rogaban que se les permitiera dar. Tanto Pedro como los macedonios sabían que tenían ALGO y no lo mezquinaron. Otro ejemplo digno de imitar es el de una familia completa, la familia de Estéfanas:

“Hermanos, ustedes saben que la familia de Estéfanas fue la primera que en la región de Acaya se convirtió al evangelio, y que ellos se han dedicado a servir a los hermanos en la fe.”  Cor.16.15 DHH

Hablamos en la primer entrega de esta serie acerca de la dedicación, el servicio no era algo que hacían esporádicamente sino que estaban dedicados a ello. No nos dice cómo lo hacían, pero lo hacían, en el caso de esta familia su objeto de servicio eran los hermanos en la fe. Pero no todos tenemos la misma misión.

En todo caso, ya sea un solo hombre, Pedro, una congregación, la de Macedonia, o una familia, la de Estéfanas, esta gente tenía en común que tenían certeza de lo que tenían y lo daban sin reservas. No daban porque les sobraba sino porque abundaban en amor y en el carácter de Cristo formado en ellos. Pedro dio orando, los de Macedonia dieron bienes materiales y la familia de Estéfanas sirviendo. Todos tenían para dar.

Hoy queremos desafiarte a comiences a “repartir el pan” con tu familia. Que puedas dar de lo que tienes, como Pedro, más allá de tus fuerzas, como los macedonios y dedicarte a ello como la familia de Estéfanas.

¿Por qué dar?

“Mientras comían, Jesús tomó el pan y lo bendijo; luego lo partió y se lo dio a sus discípulos, y les dijo: Tomen, coman; esto es mi cuerpo.” Mt.26.26 RVC

Damos porque imitamos a Cristo, porque somos sus hijos, tenemos su esencia. El cuerpo humano de Jesús fue dado para salvación. Hoy el cuerpo espiritual de Cristo es la iglesia.

“Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.” 1 Cor.12.27 RVR1960

El cuerpo de Cristo hoy también debe darse. Debemos llevar nuestra porción del cuerpo a los que lo necesitan. Y eso comienza por nosotros mismos, no debemos delegar esa responsabilidad a una congregación, hay infinitas formas de darnos y hay tanta necesidad que no será necesario buscar mucho para encontrar a quién darnos.

¿Qué tenemos?

Quizás esa sea tu pregunta. ¿Qué te parece preguntarle a tu familia? Sería un bello momento para compartir, evaluar lo abundante de la gracia de Dios sobre sus vidas, dar gracias por ello y disponerse a darlo.

¿A quién dar?

Te sugerimos orar juntos, preguntarle al Padre, que conoce aún las necesidades que nosotros no vemos. Pero también vean alrededor. ¡Estamos tan apurados normalmente! Casi ni vemos a la gente y menos reparamos en lo que les falta. El mendigo de la puerta de la capilla lo naturalizamos al paisaje, la sra. que pasa por nuestra calle con tres chiquillos mal vestidos, el anciano que sabemos que vive solo, la familia donde hay un discapacitado o enfermo, la madre joven del piso de arriba que no tiene quién le cuide los niños, la señora mayor a quien darle el asiento en el bus ¡Tanta gente! ¡Tantos casos! ¡Solo se necesitan ojos que los vean! Hijos que vean lo que ve el Padre.

Sugerencias

  • Hacer una lista de los recursos que tiene la familia: económicos, emocionales, intelectuales y espirituales. Hablen acerca de cómo pueden compartirlos y hagan planes concretos para hacerlo.
  • Evalúen y reconozcan los dones que tiene cada miembro de la familia, oren juntos buscando dirección para usarlos para la edificación del cuerpo de Cristo y bendición de otras personas.
  • Limpien y ordenen cada habitación de la casa, vean qué cosas no son necesarias, decidan juntos a quiénes las darán.
  • Busquen intereses que compartan (niños abandonados, ancianos desamparados, gente de la calle, analfabetos, situaciones relacionadas a la salud, discapacitados, víctimas de violencia doméstica, refugiados, etc), pónganse en contacto con alguna organización que cubra esa problemática y comprométanse orando, sirviendo, ofrendando, todo lo que sea posible.
  • Hagan una lista de personas, familias o instituciones que tengan necesidades que ustedes conozcan. Oren por ellos y evalúen si hay algo que pudieran hacer por ellos.

Nunca subestimen lo pequeño que tengan, recuerden que cinco panes y dos peces alimentaron una multitud en las manos de Cristo.

Alguien dijo que la prosperidad no se mide en cuánto se tiene sino en cuánto se da.

Padres generosos engendran hijos generosos. Hogares generosos  generan una sociedad generosa.

Como el cuerpo se enriquece al compartir, nos gustaría que nos cuentes tu experiencia, seguramente alguien será inspirado o desafiado con ello. ¿contamos contigo?

 

5 Comentarios

  1. jasser manjarrez El 2 abril, 2017 - 19:30

    Tremendo, algo de esto compartimos en nuestra reunión de jóvenes, la cual tenía como título cuánto hay de Cristo en ti?, y el énfasis de este mns era hacerles entender que somos el cuerpo de Cristo, y como jóvenes como estamos partiendo el pan mostrando a Cristo a los demás. Es necesario sabes que cada circunstancia revelara lo poco o lo mucho que hay de Cristo es nosotros, pero tener una mente establecida en la Verdad nos permitirá revalorizar lo que portamos por dentro. No es tu parte física o humana, es lo que vive dentro de cada uno de nosotros, ya no vivo yo, ahora vive cristo en mi”. Revalorizar lo que somos siempre nos permitirá dar lo que somos, y somos lo que vivimos en el espíritu.

    • TOMATULUGAR El 3 abril, 2017 - 12:09

      Gracias por compartir este testimonio que nos bendice!
      TTL

  2. fernando felipe inalaf El 4 abril, 2017 - 21:41

    que belleza el leer esto, como Dios habla fuertemente en este tiempo sobre estos temas…remarco esto: solo se necesita hijos que vean lo que ve el pádre…

  3. Camilo Andrés Quintero El 5 abril, 2017 - 2:40

    Cómo siempre sus herramientas nos brindan lo practico del evangelio, pero como empezar en un hogar donde ninguno es creyente, y pecado hace estragos???
    Cómo trabajar con hogares que están empezando a conocer de Jesús?.
    Dios les bendiga abundantemente

  4. adrushca El 5 abril, 2017 - 15:21

    que hermoso! ?

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